El escenario postelectoral: la caótica situación en España

[Leer en United Explanations]

Han pasado ya tres semanas desde las pasadas elecciones españolas y el desastre que algunos pregonan se transforma en esperanza para muchos otros. La lucha de clases se perfila, una vez más, como el punto de rebelión en un Estado, al igual que en la Europa moderna, que precisa un cambio político, social y económico definitivo. La ingobernabilidad que han desatado los resultados electorales en España es la repuesta a la modernización política que requiere el bipartidismo instalado desde el régimen del 78. La derecha y la izquierda representadas por el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) respectivamente, ya no son los únicos movimientos protagonistas de una historia de la que han salido beneficiadas la clase media y las élites económicas durante más de treinta años. Ahora la clase popular empuja con fuerza y por ello la derecha, en España, también necesita un lavado de cara urgente, aunque sea solo en forma de un fugaz baile de máscaras.

Los primeros síntomas de que el cambio político se ha iniciado en España fueron las elecciones municipales del 24 de mayo. En las ciudades más importantes de todo el territorio ganó la izquierda social en detrimento de las fuerzas del establishment. En Madrid, el PP de Esperanza Aguirre perdió la hegemonía contra una candidatura ciudadana sin presupuesto. En Barcelona, una activista de la PAH, Ada Colau, desplazaba a la burguesía catalana encarnada por Convergència i Unió (CiU) en un ayuntamiento que tiene actualmente hasta siete formaciones políticas. En Cádiz, Zaragoza, Iruña, Santiago de Compostela, A Coruña o Valencia se multiplicaba el éxito del municipalismo con la irrupción de los llamados “alcaldes por el cambio”.

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La otra señal ha llegado de la mano de las elecciones catalanas del pasado 27 de septiembre. Si hoy España es ingobernable y son imprescindibles los pactos para constituir un gobierno estatal es, en parte, a raíz del conflicto rupturista con Cataluña, que ha anticipado el mismo resultado de ingobernabilidad. Al final de los tres meses de una negociación que se presumía imposible para formar un gobierno independentista en Cataluña entre la izquierda anticapitalista de la CUP-CC y los nacionalistas de CiU –liderados por Artur Mas con el beneplácito de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC)–, los políticos catalanes han llegado a un acuerdo en el último segundo para llevar a cabo un proceso constituyente que sirva para declarar la República Catalana en 18 meses, fecha límite para la que se han previsto unas nuevas elecciones. El 9 de enero de 2016 se recordará como el día en que Cataluña llegó a un acuerdo por el cual se cesaba a Artur Mas como presidente de la Generalitat, actual representante de las políticas neoliberales en el territorio, y como el día en que Carles Puigdemont, del séquito de Mas, pasa a ser el 130º presidente de Cataluña.

El mapa político en España

Con este prólogo que pretende contextualizar la presente etapa a la que se enfrenta toda España, el mapa político del país es tan incierto como paradójico. La configuración de un Congreso de los Diputados con 350 escaños no permite, con los actuales resultados electorales, establecer una mayoría absoluta como la que consiguió el PP en las pasadas elecciones de 2011, con 186 escaños (teniendo en cuenta que la mayoría absoluta se establece en 176). El fin del bipartidismo en España parece una constatación irreductible. “¡Bienvenidos al futuro!”, escribía Periódico Diagonal en sus análisis postelectorales.

El PP varcoolvió a ser el partido más votado con 123 escaños, su peor resultado desde 1989 con la pérdida de 63 diputados respecto los anteriores comicios. El PSOE consiguió 90 escaños, el peor resultado de su historia al no superar los 100 diputados, provocando una guerra interna en el partido entre su Secretario General, Pedro Sánchez, y la Presidenta de Andalucía, Susana Díez, también del PSOE.

Los grandes triunfadores fueron Podemos y Ciudadanos. La fuerza política encabezada por Pablo Iglesias rompió todos los pronósticos y obtuvo 69 diputados, cosechando grandes resultados en los principales territorios periféricos del país. Las coaliciones en Galicia, Cataluña, Valencia o el País Vasco, feudos con una alta cultura plurinacional, volvieron a demostrar su fortaleza como ya ocurrió durante las municipales del 24M. En Cataluña, la coalición En Comú Podem fue la fuerza más votada con un programa electoral claramente referendista. Sin embargo, a nivel estatal, si Podemos e Izquierda Unidad-Unidad Popular hubiesen confluido tendrían hoy 14 diputados más (debido a la penalización que, tradicionalmente, sufren los partidos de izquierdas debido a la ley electoral española), y medio millón de votos más que el PSOE, un resultado nada desdeñable que les hubiera situado como la primera fuerza de izquierdas en el Congreso de los Diputados.

La otra cara de la moneda, también victoriosa, fue la de la formación dirigida por el catalán Albert Rivera. Teniendo una cuota de pantalla superior incluso que PP y PSOE durante la campaña electoral, consiguió situarse como la cuarta fuerza con 40 escaños, muy lejos de los pronósticos que se le auguraban tras los fantásticos resultados que obtuvieron en las elecciones catalanas.Ciudadanos, “la cara moderna del PP” como así han bautizado muchos medios, se ha consolidado como un partido benefactor de las grandes empresas españolas del Ibex 35 y un grito de esperanza para un modelo neoliberal amenazado por el movimiento 15M y su asalto a las instituciones políticas.

Alea iacta est

Aún así, la derrota del bipartidismo en España y sus consecuencias futuras no son fruto de un cambio de paradigma político, atendiendo que los resultados electorales para Podemos y Ciudadanos no han sido suficientemente buenos como para desbancar a PP y PSOE, sino que se trata de un cambio de paradigma social que se ha ido politizando lentamente a través de la actividad de los colectivos sociales a niveles insospechablemente elevados y coordinados hasta la fecha. Asociaciones en favor de la vivienda, organizaciones sociales defensoras de los derechos sociales y económicos, y nuevos medios de comunicación alternativos que han generado un nuevo espacio para estos colectivos, se han encargado de modular el nuevo mapa político español con un mandato claro y conciso: la clase trabajadora quiere tomar la iniciativa en las decisiones políticas. Los pactos a cuatro, o incluso a cinco, serán la clave para un nuevo gobierno que se formará con el eco del “Sí se puede” aun rezumbando en unas cámaras donde se había impuesto un modelo político-social y económico neoliberal en las últimas décadas.

Con la certeza de quién es quién en cada uno de los partidos políticos que tienen que pactar para formar un gobierno con estabilidad parlamentaria, se presuponen muchas alianzas sin tener la certidumbre de cuál será el pacto que se impondrá para los próximos cuatro años. Sin duda, la “cuestión catalana”, ya resuelta, cambia de manera diametral las predicciones para formar gobierno. Mientras PP, PSOE y Ciudadanos se mantienen imperturbables y escudados con el discurso de la unidad de España, Podemos plantea un referéndum pactado para los catalanes. La presión ahora pasa al PSOE y Podemos que para gobernar pueden necesitar de los partidos independentistas que suman 17 escaños. El sueño de Pedro Sánchez para ser el nuevo presidente del gobierno se desvanece por completo a causa del nuevo acuerdo catalán, si no rectifica en favor de un referéndum, algo que parece imposible a día de hoy. PP y Ciudadanos necesitan de otro aliado para formar gobierno y presionan a PSOE para firmar una coalición que garantice la unidad del país. Nunca antes una comunidad autónoma había sido tan determinante para el futuro de todo un territorio.

Pero más allá del juego de ajedrez político, lo que parece inamovible es la forma en la que hemos llegado hasta aquí. “España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa del 15M en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa“, afirma Zygmunt Bauman. La certeza que nos queda es que España está rota y que lo único que puede encauzar el país hacia una nueva dirección es el poder popular. Ahora las plazas y las calles tienen la misma importancia que el Congreso de los Diputados. Alea iacta est.

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