“En Perú el Estado nunca se va hacer cargo del pescador artesanal”

Juan Arce Borja es un pescador artesanal de Lagunillas que vive y trabaja en la Reserva Nacional de Paracas, en el departamento de Ica, en Perú. De pequeño ya se dedicaba al arte de la pesca con sus hermanos, “aunque se trataba de una pesca más bien industrial”, comenta con una mueca compungida. De joven cambió y se compró su propio barco para empezar a pescar en la costa y poder vender lo que conseguía en la terminal de San Andrés, puerto pesquero principal entre Pisco y la playa del Chaco en Paracas. Todavía hoy sigue incansable con su oficio de buen pescador, zarpando contra el viento a las dos de la madrugada con su pequeño bote, para capturar alguno de los pocos centollos, corvinas y pintadillas que quedan en el mar. Juan bien sabe que los océanos están agotados y que los 125 millones de toneladas de pescado al año que engullimos terminarán con toda nuestra fauna marina. Según Greenpeace, si seguimos apostando por la pesca industrial, en el año 2050 ya no existirán las especies que hoy comemos.

En Perú, el 90% de la flota pesquera es artesanal, diez veces más que la flota industrial, es decir, que de las 16.405 embarcaciones censadas de un total de 18.211 tienen una capacidad de bodega de menos de 32,6 m³ (30 TM), o menos de 15 metros de eslora, siendo la que más ha crecido en los últimos 20 años, según el último censo realizado en 2012, al pasar de 6.268 embarcaciones artesanales a 16.405.

Sin embargo, para el Estado, la pesca artesanal no es una prioridad. Mientras que los pescadores y embarcaciones industriales tienen a menudo el apoyo del gobierno y disfrutan de seguros de vida y accidentes, el pescador artesanal como Juan, que en muchos casos no está ni documentado, no cuenta con prácticamente ningún tipo de beneficio ni formalización burocrática que le ampare ante cualquier desastre como ya ocurrió en el terremoto que sacudió el país el 15 de agosto de 2007, cuyo epicentro tuvo lugar precisamente en Pisco.

“Nosotros, los pescadores artesanales, ya no tenemos sindicato”, denuncia Juan con ardor, antes de empezar la entrevista. “Existe la Federación de Integración y Unificación de los Pescadores Artesanales del Perú (FIUPAP), a nivel nacional, pero el Estado les paga a los dirigentes y ahora ya no hacen nada, como antiguamente ocurría con la Confederación de trabajadores del Perú (CTP). La política acá en el Perú es muy corrupta. Hay malos dirigentes. Incluso los sindicatos que había a nivel regional, por ejemplo en San Andrés, tampoco actúan ya como sindicatos, sino como gremios. A nosotros nadie nos defiende”.

Pero existe un organismo estatal que vela por los intereses de la pesca artesanal…
Aquí en el Perú el Estado nunca se va a hacer cargo de nosotros. Sabemos que la Unión Europea manda bastante dinero para acá, para los artesanales, pero eso no se ve. FONDEPES, Fondo Nacional de Desarrollo Pesquero, una entidad creada por el Ministerio de Producción –Produce- y que se supone es un organismo público para beneficiar a los pescadores artesanales con alojamiento, atención médica, ropa, materiales, etc., es, en realidad, un negocio para el gobierno. Por ejemplo, cuando ocurrió el desastre del terremoto en 2007, aquí mismo en Lagunillas, el tsunami que se formó destruyó todas las embarcaciones. FONDEPES puso los botes, y mientras hacían los contratos de las embarcaciones en los astilleros sabíamos que un bote ya no costaba 5.000 soles como antes, sino 17.000 0 18.000. FONDEPES, en vez de dar facilidades al pescador artesanal, se dedica a negociar con él.

¿Qué diferencia existe entre la pesca artesanal y otros tipos de pesca?
El tipo de embarcaciones, la altura en que uno sale a pescar y todo aquello que tiene que ver con redes. La pesca artesanal vendría a ser la pesca de consumo humano, aunque ahorita también hay lanchas más grandes, incluso hasta de 200 toneladas, que barren con todo. Hay otra pesca artesanal que puede salir a más altura, salen con espinel (red de pesca), a unas 80 millas. Sin embargo, en otras provincias como en Callao, Chancay, Ancón, Paita salen a 400 o 500 millas, aunque fuera de las 15, 20 millas ya no se considera pesca artesanal. También hay botes de cerco, que son como una lancha industrial, que en el fondo funcionan como el arrastre; y su malla es bien pequeñita, para la pesca de atún. Y eso aquí en el Perú se considera pesca artesanal cuando en realidad debería considerarse pesca industrial.

¿Y qué ocurre entonces con las medidas de los pescados? Tampoco las deben respetar en absoluto…
Con el tema de las medidas la realidad es distinta. No se puede comprender como el gobierno hace una reglamentación sobre los pescados que podemos capturar según unas medidas que ya no existen. Todo el mundo sabe que aquí, en Pisco, San Andrés y Paracas, la medida del pejerrey son 12 cm, no hay más grande, a lo mucho puede subir a 13 cm. Todos los pescados adultos son bien pequeños.

¿En qué sentido a usted le perjudica la pesca industrial?
A mí la pesca industrial no me afecta, más allá de si el gobierno favorece a la pesca industrial por tener mayor poder adquisitivo. Yo solo pesco en la costa. Adonde yo voy a pescar ellos no van. Sin embargo, los propios pescadores industriales ya no preservan nada. Algunos empiezan a utilizar dinamita mientras que otros se dedican, mediante siete u ocho buzos, a cercarlo todo con sus grandes redes consiguiendo casi ocho toneladas diarias de pescado.

¿Usted cree que el gobierno debería potenciar y ayudar a la pesca artesanal?, ¿qué hubiera muchas más facilidades para el pescador artesanal?
Por supuesto. Por algo se le llama pesca artesanal, porque el artesano no se caracteriza precisamente por ganar mucho dinero. El que gana dinero es el pescador industrial porque tiene más infraestructura en su haber, un bote o lancha más grande, mejores redes, y encima está solventado por el estado. Ellos cargan cientos de toneladas, por ejemplo, la flota industrial anchovetera captura 1000 toneladas al día.

¿Y entonces qué tiene que hacer un pescador artesanal para ganarse la vida en Perú?
Trabajar de sol a sol todos los días. Yo agarro mi pescado de peña y me voy a la terminal de pescado de San Andrés o Pisco. Según la oferta y la demanda que haya vendo mi pescado a un precio u otro, a mayoristas y gente que trabaja para restaurantes. Los industriales, en cambio, ofrecen su pesca de jurel, caballa, anchoveta y merluza a precios competitivos principalmente para conservas y congelados a empresas pesqueras de harina de pescado.

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