Çarakura, aprendiendo a vivir con impacto cero

Cuando tenía 18 años Ney compró el terreno que actualmente comprende el proyecto Çarakura. Era un campo de pasto y caza. Hoy son 15 hectáreas dedicadas a la recuperación y conservación de plantas selváticas, donde se trabaja la permacultura y la bioconstrucción como una propuesta de vida en armonía y respeto por el entorno.

Este oasis natural de Florianópolis, situado en una isla del sur de Brasil, es una referencia para el país en educación ambiental, recuperación de zonas degradadas, gestión integral de los residuos y la práctica de la agroecología y la bioconstrucción. Todas las edificaciones de Çarakura se han construido a partir de los recursos naturales locales de la zona. Construcciones llenas de creatividad que representan animales autóctonos de la región, alguno de ellos en peligro de extinción. Si uno se pierde por la vasta tierra de la zona se puede encontrar una cabaña en la copa de un árbol con forma de oso hormiguero, unas duchas metidas en el caparazón de un armadillo, un enorme anfiteatro de estilo modernista con forma de tortuga, y un baño que representa el pájaro Çarakura, el cual da nombre al proyecto.

Este espacio se ha convertido en un auténtico laboratorio de generación de conocimiento y técnicas para ir perfeccionando vías de vida más sostenible y de impacto cero para la naturaleza. El Instituto Çarakura es una iniciativa dinámica y abierta que también acoge personas voluntarias durante una temporada. Ellas se integran en las actividades propias del proyecto como la preparación del terreno para un futuro vivero, el mosaico gaudiniano de una de las construcciones, o el cuidado de animales. En nuestra estancia aquí, hablamos con sus voluntarios que destacaron la experiencia vivida como “un gran aprendizaje de futuro”.

Andrea, una de las impulsoras del proyecto, nos explica la importancia de los circuitos cerrados y de reciprocidad en relación a nuestro entorno. Nos pone como ejemplo: “Si nosotros cultivamos verduras y las recogemos para comer, entonces los residuos que se vayan generando los acumularemos en un compost que después servirá de nuevo como abono para cultivar. Con el agua que utilizamos para hervir las verduras y el agua sucia del jabón, la filtraremos con un sistema de plantas y decantado transformándola en agua limpia. Y así con cada residuo que generamos debemos pensar cómo integrarlo y reducir su impacto”.

Al amanecer el Çarakura es el primer pájaro en cantar. Y así como el ave, las personas que viven allí se levantan para recordarnos la fuerza y la abundancia de la naturaleza, todo lo que nos regala cuando se vive con el menor impacto sobre ella.

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