Al otro lado

Supusimos que Colonia del Sacramento sería mucho más bello de noche que de día. Incluso supusimos tal y como estaba el día, amenazado por grises y espesos nubarrones, que la ciudad sería mucho más bella bajo la lluvia.

La ciudad de Colonia, al suroeste del Uruguay, en cuya orilla del Río de la Plata se puede contemplar la lejana y borrosa silueta de Buenos Aires y el itinerario que nos llevaría desde Carmelo hasta el Tigre, parece un lugar intermedio entre Uruguay y Argentina. En realidad, parece elevarse si te pierdes por el barrio histórico de estilo post-colonial como una ciudad ajena a ambos países, como una isla mágica de las Azores regentada por viejos polizontes que esperan el barco apropiado para zarpar y cruzar el Atlántico.

Recorriendo las calles de la ciudad nos vino a la memoria lo que nos dijo, en la terraza de un bar, un tipo de Marrakech bajo los efectos de la marihuana y que llevaba diez años viviendo en Montevideo: “Ustedes han llegado a la esquina del mundo”. Creímos, con aquella frase genial, que por fin habíamos llegado al país del fin del mundo, que estábamos en el lugar que siempre habíamos deseado, perdidos en una tierra por descubrir como dos náufragos a la deriva. Luego, lamentablemente, nos dimos cuenta que aquel hombre no soltaba frases geniales y que se refería simplemente al nombre de aquel bar en el que fuimos a parar por recomendación de unos amigos.

A la mañana siguiente, tras visitar los últimos vestigios que quedaban de la casa donde vivió Mario Levrero más de treinta años, ahora convertida en un hotel para nostálgicos del escritor, viajamos desde Carmelo hacia el Tigre en la famosa Cacciola.

El viaje fue sugerente y cautivador. Navegamos bajo un día gris durante más de una hora surcando los infinitos ríos y riachuelos que, según el mapa, confluyen en el Tigre, como si fuéramos navegando por los cinco ríos infernales del reino del Hades, el mundo de los muertos. Por las distintas islas del Tigre, confinadas entre juncos, selva acuática y algunas cabañas alzadas, nos imaginamos que nos adentrábamos en las profundidades del Nilo como Katharine Hepburn y Humphrey Bogart en La reina de África.

En nuestro viaje que nos llevaba definitivamente a Buenos Aires ya solo nos quedaba recordar lo que habíamos dejado atrás, solamente nos quedaba recordar la bella ciudad de Colonia bajo la lluvia.

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